«¿Cómo puede un tubo en medio del campo mejorar la salud de mis cultivos?» Esa fue la pregunta que se hizo uno de nuestros clientes, un productor español de calabazas, melones y sandías, al referirse a nuestros sensores.
Pese a sus dudas, decidió probar los sensores de humedad para resolver algunas cuestiones importantes sobre su programación de riego. Hasta entonces regaba dos veces al día para evitar la sequía, pero no sabía si la cantidad de agua se ajustaba a las necesidades del cultivo. Sospechaba que estaba regando en exceso. Una señal era la presencia frecuente de oídio, una enfermedad fúngica conocida por muchos agricultores.
El oídio cubre las hojas con manchas pulverulentas blanquecinas y afecta a numerosos cultivos, como la cebada, las leguminosas o la cebolla. En calabazas, sandías y otras cucurbitáceas, como calabacines y pepinos, es tan habitual que se desarrollan variedades de melón resistentes a algunas de sus variantes. La enfermedad puede reducir el rendimiento al limitar la capacidad fotosintética de la planta y, por tanto, su crecimiento.

Como todas las enfermedades fúngicas, el oídio crece en ambientes húmedos. Las calabazas pueden ser especialmente vulnerables porque su follaje grande y denso protege el suelo del sol y mantiene una humedad más elevada. Sin embargo, a diferencia de otras enfermedades fúngicas, necesita relativamente menos humedad, por lo que es aún más importante ajustar bien los niveles de humedad.
Nuestro cliente dudaba de la utilidad de los sensores, pero sabía que necesitaba datos precisos para fundamentar sus decisiones. Tenía experiencia agrícola, aunque era nuevo en el cultivo de calabazas y conocía poco sus necesidades específicas. Los agricultores deben cambiar de cultivo con más frecuencia de lo que parece para responder a la demanda del mercado; eso puede obligarlos a aprender de nuevo, pese a su experiencia.
La solución de sensores de humedad de Pycno
Instalamos cuatro sensores en las esquinas de un sector de la parcela. Aunque el sector presentaba una topografía uniforme, con la misma altitud y tipo de superficie, el agricultor observaba que las plantas crecían mejor en unas zonas que en otras. Las diferencias pueden deberse a la sombra, a la distribución del agua de riego o a variaciones en la absorción del agua causadas por la composición del suelo.

Durante las dos primeras semanas tras la instalación, el agricultor mantuvo la programación de riego para observar cómo variaba la humedad del suelo.
Nuestro software de análisis mostraba cómo la humedad aumentaba inmediatamente después del riego. El suelo recibía demasiada agua, por lo que el agricultor ajustó la frecuencia hasta alcanzar un nivel adecuado. Primero pasó de dos riegos diarios a uno y, después, a un riego cada dos días.
En unas pocas semanas, la humedad del suelo descendió al nivel adecuado para los cultivos y, finalmente, el agricultor utilizó, de media, un 70% menos de agua.
Resultados
Además, el oídio apareció con mucha menos frecuencia, lo que le permitió utilizar un fungicida preventivo en lugar de otro más agresivo.
Tras observar los resultados, el agricultor pasó de la desconfianza a recomendar nuestros sensores a otros productores. También comenzó a ayudarnos a distribuirlos en la zona de su explotación.

Cómo funcionan nuestros sensores
Los sensores de aquel sistema se comunicaban mediante LoRa, una tecnología de radio de largo alcance. LoRa utiliza bandas de frecuencia sin licencia y permite transmitir a grandes distancias, una característica útil en entornos rurales.
Se pueden instalar en un minuto (vea este vídeo para comprobar cómo se hace) y son completamente autónomos: se encienden y se apagan automáticamente, recogen datos y los envían a nuestro sistema, donde se procesan. Los usuarios pueden consultar los resultados de las mediciones directamente en nuestro portal, sin instalar ningún software. Además, no tienen piezas móviles y se alimentan mediante un panel solar, por lo que no necesitan mantenimiento.


